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Nuestra abuela Asunción Jiménez nació en 1913, con todo lo que ello conlleva. Aprendió la cocina de su abuela y madre. Una cocina de subsistencia de los pueblos de Ávila y todos los de Castilla la Vieja. ¿Qué niña de nueve, once o doce años no sabía ya hacer las «sopas de ajo», las «patatas meneás», el «cocido», o más bien la olla o «puchero»?
Antes de estallar la guerra, movida por la necesidad de aquellos días y por la curiosidad de un cambio en su vida, dio el salto a Francia. Allí trabajo en las cocinas de altos cargos, familias influyentes de la época, como son los Duques de Polignac. En Burdeos, trabajó para la familia Louit, mundialmente conocida por sus vinagres y mostazas. Allí fue donde le llegó la noticia. Todos aquellos refugiados que no hubieran cometido delitos de sangre, podrían regresar a España. Sin dudarlo, junto a su marido y tres hijos, regresó a España. Tras varios años en su tierra natal, Ávila, deciden probar suerte en la tierra de su esposo, las islas Canarias, concretamente Tenerife.
Cuando el barco se acercaba a la isla, teniendo como fondo incomparable el Teide, nuestro abuelo apretó los hombros de papá y le dijo «Hijo, ya estamos en casa».
La sabiduría transmitida y el amor por el oficio, ayudó a nuestro padre en poner en lo más alto la gastronomía de esta tierra bendita.
Carlos Gamonal Jiménez, fue el primer cocinero canario en obtener una estrella Michelin, porque, pese a haber nacido en Burdeos, él se siente canario y asegura llevar dentro la gastronomía de las Islas. Para él, la mejor cocina regional es la canaria y ha trabajado durante toda su vida con el objetivo de cuidarla y promoverla. Su disciplina, esfuerzo e innovadoras recetas lo han hecho merecedor de numerosos premios y reconocido prestigio nacional e internacional.
En la actualidad, nosotros, sus hijos, estamos enamorados de la gastronomía canaria. Tanto nuestra abuela, como padre nos han enseñado a separar lo mejor de lo peor, a cuestionar lo mediocre, a distinguir la cocina de verdad de la cocina de mentira.
Podemos presumir que nuestra mejor escuela es nuestra familia, por trasmitirnos los fundamentos y buen hacer de la cocina tradicional. Que al mismo tiempo, se ocuparon de nuestra formación al mandarnos a estudiar y trabajar, en las cocinas, con los más destacados cocineros del momento.

Fue nuestro padre quien en 1982, compró esta magnífica casa solariega canaria construida en el siglo XVIII en el bello municipio de Tegueste, Tenerife.
El patio se conserva con la sencilla nobleza de sus primeros días. Resaltando los adoquines de piedra que cubren el mismo. En el centro del patio, crece un majestuoso drago, descendiente de un drago de más de 300 años. Fue gracias a este drago antiguo, que la casa se llame Mesón El Drago.
La cocina ha de ser honesta para ser una buena cocina. Pretender ser lo que no se es, aspirar a parecer, es un espectáculo doloroso. En El Drago siempre hemos hecho una «cocina, cocina», además de que siempre existió «licencia para experimentar».
¿Qué significa esto? Significa que en Mesón El Drago siempre se anima a reflexionar, crear, idear, mejorar, combinar y ser atrevidos al cocinar.
Sabemos que estamos ante un taller de oficios donde se cocina para hacer del hecho de alimentarse algo más que una necesidad, un placer. Comemos verduras, hortalizas, frutas y animales.
Aquí se respeta, se estudia, se trabaja con el alimento para realzar, aumentar o diferenciar su olor y sabor por sí solo o en combinación con otros. En la cocina siempre hay que saber improvisar, dejarse llevar y en esto es en lo que ponemos énfasis, en hacer de la cocina, una libre y educada satisfacción.
Puede descubrir nuestra carta de mercado, en la que apostamos por los productos de del archipiélago, así como locales de cercanía o KM0.
De jueves a domingo en horario de almuerzo de 13 a 16h. También abrimos en exclusiva cualquier día de la semana bajo reserva. Pregúntenos.

El Drago tiene por dueño a todos los que trabajamos, vivimos en él y por él.
En la actualidad, somos un equipo de seis personas, los que formamos parte de este proyecto, así como otros tantos que forman equipo con nosotros de manera eventual.
Somos una pequeña familia, que nos ayudamos unos a otros, con un objetivo claro y definido. Trabajar por y para nuestros clientes, con cuidado y amor en lo que se hace.
En Cocina, bajo las órdenes de Carlos Gamonal hijo, se encuentran trabajando Francisco Javier Hernández Arvelo, nuestro segundo Jefe de Cocina y José Manuel Quinta Piñeiro, encargado de la partida de cuarto frío. En Sala, Priscila Gamonal (Cocinera, pastelera, sumiller y jefa de sala) junto con Jaquelin Rivero Cabo, nuestra Jefa de Sala y Metre de catering, se unen para trabajar, codo con codo, consiguiendo que cocina y sala se convierta en un tándem perfecto. Rebeca Gamonal, en una labor callada, se encarga de las cuentas. Parte fundamental.
Del equipo base, nace otro equipo. Al que llamamos «Equipo A». Un equipo humano no menos importante. Profesionales del sector (cocineros, camareros, limpiadores, decoradores, floristas, organizadores de eventos, mozos de carga, entre otros) que siempre están allí para ejecutar con esmero su trabajo. Defendiendo nuestra marca Gamonal con todas las consecuencias. Son un escuadrón eficiente, bien formado, que nos ayuda en nuestro proyecto en común.
Para nosotros es fundamental que exista cuidado y amor en lo que se hace. Un buen profesional ha de tener buen humor, una actitud optimista y, dicho sea de paso, también ha de ser alguien que disfrute con la comida. No se puede hacer bien lo que no se ama. Gracias por formar parte de nuestro equipo y familia.